7.7.09

tengo que hacer eso y lo hago

-Vayamos ahora a tu poesía porque ésta es una entrevista a una poeta ¿no? No hay en tu poesía palabras que no sean las cotidianas. Transmitís ideas muy profundas, que tocan el alma, pero siempre usando el lenguaje de todos los días.

Sí, siempre me he rehusado a usar palabras que salen de lo corriente, aquellas que suelen considerarse poéticas. Me cuido de no caer en eso, me cuido de no volver a tocar un poema una vez que lo dejé.

-Quiere decir que no corregís.

Yo escribo un poema en unos minutos y no lo toco más. Puedo escribirlo varias veces, una atrás de otra hasta que me parece que está. Ahí lo dejo y no vuelvo a tocarlo.

-Quiere decir que no cambiás una palabra o dos, sino que...

Vuelvo a escribirlo entero hasta que lo guardo o lo tiro. Cuando está, está.

-En cuanto al proceso por el que llegás a escribir un poema, ¿éste te ronda la cabeza hasta que te sentás y lo escribís?

No, no, es como si la mano fuera... Es muy difícil para mí explicar lo que hago.

-También podría interesar los sentimientos que te acompañan cuando escribís.

No, nada, nada. Tengo que hacer eso y lo hago. No que necesito hacer, que estoy obligada a hacer.

-Juan Gelman dice que sus poemas responden a obsesiones. "Tengo una obsesión y escribo para terminar con ella". ¿Será lo tuyo algo parecido?

No, no es así. Es algo completamente natural que en determinados momentos debo hacer. Lo hago y jamás vuelvo a tocarlo, una vez hecho. Por otra parte no quiero ceder a la tentación de escribir lo que no estoy obligada a escribir. A esa tentación me resisto.

29.6.09

25.6.09

pero la tele muda pasa los spots

Te dije que venía y cumplí, ¿viste? Estuvo bueno ver a los pibes compartir guitarras, intercambiar instrumentos y canciones como si fueran la misma banda, las birras que pasan de mano en mano y el frío que se vuelve calor en el bar. Sobre la pared, al fondo, dejan una imagen de la Bristol, los mocasines en la arena, y el Gato que canta: "Yo no sé cómo entender, la libre competencia del mercado laboral. El fracaso de los demás es un triunfo tuyo". Estamos ahí. Pero la tele muda pasa los spots y sin querer me acuerdo de elecciones anteriores. Diez años atras. Cuando voté contra la convertibilidad en el '99. Y ahora, que voto a favor del modelo. En el medio Salma pone el disco de Reno y se queda prendida en el primer tema. Termina, retrocede y vuelve a poner play. "Es como Neil Young", me dice, fascinada. "O como Dylan", propongo yo. Y asentimos cuando su garganta corta el aire en el cuarto.

14.6.09

tus bombachas

tus bombachas son
obras de arte
que se consuman
cuando te las ponés.

8.6.09

la mejor banda del país



Bueno, sino la mejor, la más buena onda.

La que te va a dejar siempre con una sonrisa de oreja a oreja.

Pase lo que pase.

Escuches con quien la escuches.

Aunque sea domingo y haga frío y te hayas peleado con medio mundo o echado de tu trabajo.

O al revés: aunque esté todo bien, el sol salga todos los días y te paguen en regla, pero igual sepas que el turro siempre asoma.

Porque seamos claros: el laburo es importante. Y el reconocimiento no molesta.

Pero definitivamente no alcanza.

Hay algo profundamente perturbador en esas balisas puestas y esa mano que se extiende sola.

Si no reaccionás ante eso, no reaccionás ante nada.

De qué te sirve escribir sobre música, tener el tupé de describir sobre un disco, pontificar si un tema es bueno o malo (dios mío! hay que ser caradura para eso. Mínimo: escuchalo mil veces), si no te hacés cargo de lo que te escribís. De lo que te gusta.

Y la verdad, a esta altura, lo primero que me interesa, es hacerme cargo.

Yo no vivo de esto. No llego a fin de mes.

Entonces, mínimo: me hago cargo.

A ver si entiende: prefiero mil veces perder horas en ayudar a una banda que banco, que me emociona, que me hace feliz cada día de mi vida, que estar especulando qué es lo que me conviene, qué me trae sosiego, qué me es más fácil de encarar o convencer.

Entonces me importa poco el buen gusto.

La banda que hay que escuchar.

Lo que va.

Para mí las canciones de Los Cayos son buenas porque se quedan prendidas en el oído apenas las escuchás.

Porque son canciones que tienen el don.

Son especiales.

Te hacen sonreir.

O suspirar.

No importa qué palo curtas. O qué estilo prefieras.

Hay canciones que pueden al pueblo y ya.

Conozco poca gente que logra eso. Calamaro es uno. Y Los Cayos, en sus mejores temas, por más que suene temerario, me importa poco que suene temario, son otros.

Cuando Los Cayos se suben al escenario, casi no prueban. Directamente le tiran un par de consignas al operador y arrancan.

Y si tocan en Campana, de donde son, llenan.

La gente arenga en el teatro como si fueran Divididos. Cientas de personas. O mil.

Y si tocan en Once, en el Zaguán, y son decenas, arengan lo mismo.

Los tipos le contagian la risa a todo el lugar.

Y lo mejor: con la más absoluta generosidad.

Por más que haga frío, sea casi invierno y la humedad te cale en los huesos.

Los tipos arrancan y te llevan puesto.

Y cuando volvés a tu casa, no sabés que hacer.

Si cambiar tu vida o tomarte un whisky y olvidarte de todo, total mañana es lo mismo.

O si no.

Así de poderosos son Los Cayos.

La arenga que tienen.

Que les brota y que ni saben que poseen.

Si tuviera que compararlos, diría que me hacen acordar a la vocación cancionera de Estelares, el Manu Moretti más genuino y poeta. El bohemio que dejaba todo por un amor (y yo sé que todavía lo hace) y por una buena canción.

A mí Los Cayos me emocionan porque tienen un tema como Otarios, que es triste pero épica.

O como A Nadar, que es alegre pero demasiado arengadora para ser cierta (y eso la hace triste también. De otra manera. Pero agridulce al fin).

Y porque son tres. Y los tres cantan. Y los tres te hablan con propiedad.

Porque tienen treinta y pico. Y tener treinta y pico hace bien.

A los treinta y pico todavía te animás a grandes empresas, aunque regules la caminata y regules el paso.

Tenés treinta y pico, loco.

Te hacés cargo.

Te hacés hombre.

Y sino, te olvidás.

Yo prefiero seguir ayudando a las bandas que me emocionan.

Es lo menos que puedo hacer.

Y sino, para hacer lo de siempre, tiro la toalla y dejo de escribir.

14.5.09

hola claridad, hola sentimientos

Una noche sin música puede ayudar a aclarar los sentimientos. Todos los días subo esas escaleras y todos los días las bajo, aunque a veces también tome el ascensor y me arregle un poco antes de entrar. Pueden pasar meses, incluso años, pero ese momento siempre llega. ¿Qué hago acá? ¿Por qué vine? ¿A quién le importa? No creo que estemos viejos. De verdad, no lo creo. Pero sí noto que me cuesta más recuperarme. Olvidarme del cansancio. Aunque pasen meses, incluso años, y ese momento de cuestionamiento otra vez me llegue. Por la tele pasan el partido de Pico Mónaco y, como pocas veces, me importa que gane. No es algo que me suceda seguido. El deporte de alta competición no me interesa, salvo que haya otra cosa en juego. Una amistad. Una promesa. Un amor. No es tan dificil. Si está eso, me importa. Sino, no. La pasé bien esa noche, en la terraza, que estábamos en ronda, y ustedes hablaban de las reuniones de jardín y de cómo muchos padres -no todos, pero sí muchos- tendían a pensar que sus hijos eran unos genios. Los vi amigos, además de compañeros y escritores, y eso me reconfortó. Me reí con esas escenas y esos diálogos. Abajo se cocinaba algo importante. Pero durante un largo rato nos mantuvimos ahí, como olvidados. La cerveza fría en el porrón de vidrio. Una noche nada más, una noche era la idea, en la terraza, en el centro cultural. Pero al final pasa lo de siempre: viene un Steve Earle, una Lucinda Williams, un Bonnie Prince Billy y ya entendemos un poco más. Hola claridad, hola sentimientos. Si no sos vos, será peor.

6.5.09

más idea vilariño

Entonces
todo se vino
y cuando vino
y
me quedé inmovil

tú te quedaste inmovil
lo dejaste saltar
quejándote seis veces.
Seis.
Y no sabés qué hermoso.

----

A nadie
oíme
a nadie
nunca
jamás
aunque no sea de verdad
aunque lo sea.
A nadie
oíme
a nadie.

----

Si acaso estás jugando
si llevaste el juego hasta ese punto
porque yo no aceptaba nada menos
bueno
juego
me gusta
sigo
quiero.
No podría jurar que yo hago más.

----

Tomo tu amor
y qué
te doy mi amor
y qué
tendremos tardes noches
embriagueces
veranos
todo el placer
toda la dicha
toda la ternura.
Y qué.
Siempre estará faltando
la honda mentira
el siempre.

2.5.09

idea vilariño

La conocí hace unos años de boca en boca. Uno de esos momentos en que alguien te frena y te dice: pará, escuchá esto. Y a partir de ese momento te vuelve repentino fanático del autor en cuestión. Me pasó con Tom Waits, con Henry Miller y también con Idea Vilariño.

Al principio me costó conseguir cosas de ella. Incluso información. No daba reportajes ni tenía demasiado predicamento en los circulos literarios (aunque sí respeto, porque nunca había sido famosa). Su vida y obra era casi un misterio. Pero un día conseguí un librito de ella en un libreria de saldo cerca de la estación Barrancas. Y desde ese momento yo también pude cumplir con mi parte de la transmisión. Leer a otros esta mujer que también los haría devotos. Lo recité mucho a ese librito. Lo regalé a muchos amigos y conocidos. Me fascinaban de ella la sinceridad, la parquedad, la manera cortante de decir el amor, porque parecía que se le iba la vida en cada poema que hacía.

Esta semana me enteré que murió. Y como siempre, no hubo mucho de qué agarrarse, salvo sus poemas. Va acá mi recuerdo, Idea. Ojalá que estés bien.

----

No sos mío
no estás
en mi vida
a mi lado
no comés en mi mesa
ni reís ni cantás
ni vivís para mí.

Somos ajenos

y yo misma
y mi casa.

Sos un extraño
un huésped
que no busca no quiere
más que una cama
a veces.

Qué puedo hacer
cedértela
pero yo vivo sola.

------

Porque sí
porque es él
porque alienta y sonríe
y está vivo y parece
intocable y eterno
porque no tiene miedo
porque nunca se olvida
porque es
porque sí
porque se va morir.

------

Aquí
lejos
te borro.
Estás borrado.

23.4.09

toda chica linda merece su Juan

19.4.09

nadie te habla a vos

Nadie te habla a vos. Alguna vez alguien, en alguna historieta. O tu papá, en la sobremesa de una terminal de Ituzaingó. Las ganas de darte un beso, en otra época. Cuando estábamos todos en la misma. Y los fusilamientos eran dedicados. A Liniers, por leal. A Dorrego, por populista. A Benavidez, por caudillo buenazo. A Valle y Tanco, por leales. Si pudiéramos reparar el pasado, lo haríamos. Pero en laburo me preguntan porqué desprecio Europa. Y les contesto: no la desprecio. La ignoro.

17.4.09

peronista

9.4.09

no existen los malos

De qué te sirve ser rockero si vas a espantarte en la primera cambio apenas la banda que toca antes o después de vos, o que está ahí de casualidad, hace lo que según los manuales no se puede hacer.

Sacarse.

Despatarrarse.

Desconocer el protocolo.

Y con esto no me refiero a caer borracho a una fiesta de etiqueta y ponerse a eructar o a sobarle la espalda a los diplomáticos.

Podés lograr esa proeza y sinceramente no se me moverá un pelo.

Hablo de otra cosa.

Hablo de muchas otras cosas. Y de otros lugares.

Un recital de rock por ejemplo. Una banda. Un tipo que canta. Un tipo que canta y hace lo que necesita hacer.

Que es, en realidad, lo que queremos todos: que sea él.

¿Cuántos se animan a eso?

O mejor: ¿cuántos se bancan estar frente a un tipo que se muestra tal cual es al punto de cuestionarte a vos mismo quien sos?

Para mí no es poca cosa eso.

Y los que se lo bancan, se bancan a El Perrodiablo.

Justamente el otro día le decía a los pibes: no conozco a nadie que no sea de verdad que no le guste El Perro.

O sea, tenés que ser buen chabón o buena mina para que te guste El Perro.

Masomenos entusiasta. La felicidad en las pupilas.

Sino, salís rajando.

Te da pavor.

Ojo: podés ser excelente persona y que no te guste la banda, por puesto.

No hay gustos obligatorios.

Pero si los vas a ver y te alucinan, bueno... seguro que sos de los buenos.

O, como dice Juanse: de los nuestros.

No existen los malos entre la gente de El Perro.

31.3.09

ese Alfonsín

Respeto el dolor
de mis amigos radicales.

Pero para mí
el mejor Alfonsín
fue el último:
el que ayudó a Duhalde
-cuando todos le daban la espalda-
a terminar con la convertibilidad
ese cáncer que idolatraba
la clase media argentina.

Ese Alfonsín
y el que una noche de cacerolazo
se bajó de su coche
a defender con los puños
el honor que unos zonzos
pretendían mancharle
es el que recuerdo
con más cariño.

Todo lo demás
es importante
pero no me toca.

17.3.09

peronista

16.3.09

man in black 7 (secuestro en Jamaica 8)

A la policía jamaicana parece que le gusta la velocidad. Capturaron al tipo armado aquella misma noche, con su parte del botín, y lo mataron cuando se resistió a ser arrestado. También mataron a los otros, cuando unas semanas más tarde, tras una corta estadía en prisión, trataron de escapar.

No me sorprendió la noticia. La policía había guardado silencio sobre el asunto -ni siquiera nos había comunicado la captura del primer tipo- pero recuerdo que a la mañana siguiente del robo un oficial nos aseguró que los ladrones serían atrapados y que tendrían su merecido.

"No se preocupe, señor Cash -me dijo-. Esa gente nunca más lo molestará a usted o a su familía. Puede estar seguro de eso".

Ahora comprendo que sus palabras expresaban más de lo que yo entendí en aquel momento. O tal vez lo entendí perfectamente, pero quería imaginar lo contrario.

¿Qué pienso de todo esto? ¿Cuál es mi postura ante la justicia sumarísima, aplicada no oficialmente, en el Tercer Mundo?

No lo sé.

¿Ustedes qué opinan?

¿Cómo me siento? ¿Cuál es mi reacción emocional ante el hecho (o por lo menos la clara posibilidad) de que aquellos jóvenes y desesperados yonquis, que amenzaron y traumatizaron a mi familía, y podían habernos asesinados a todos (quizás sin pretenderlo), terminaran ejecutados por sus actos?

¿O asesinados o liquidados como perros o como quieras llamarlo?

No tengo respuesta.

Lo único cierto es que siento aflicción por esos jóvenes desesperados y las sociedas que los producen y los sufren en gran número. Y que siento que yo conocía a esos chicos.

Algo nos unía, a ellos y a mí.

Supe cómo se sentían, su necesidad.

Eran como yo.